Intentaré entonces durante algunos posts ir abarcando por ejes temáticos algunos conceptos vertidos, a fin de que los textos y contextos sean nivelados y el lector pueda partir de un mismo “pre-dialogal”.
En esta ocasión tomé en cuenta cinco conceptos: creencia, generaciones, momento histórico, paisaje de formación y superación de lo viejo por lo nuevo. Ellos son de importancia ya que, como dijimos en el post anterior, hacen a la temporalidad del estudio que se intenta realizar. Es decir, ponen en dinámica un objeto de estudio que en sí es dinámico, y explicitan el punto de vista desde el cual se observa, factor de importancia para un posterior debate y comprensión de lo desarrollado.
Espero sea de utilidad para su comprensión y fomente la continuidad del diálogo que surgió a partir de los últimos temas abordados. Los dejo con las definiciones del Diccionario del Nuevo Humanismo.
CREENCIA
Estructura de ideación antepredicativa sobre la que se asientan otras estructuras que aparecen como “racionales”. La c. determina el campo, la perspectiva que se elige para desarrollar una idea o un sistema de ideas. En el caso del diálogo, aún del más racional, las partes que dialogan dan por supuestas proposiciones no demostradas y con las que se cuenta sin discusión. En este caso se habla de “predialogales”. La c. determina tanto los usos y costumbres como la organización del lenguaje, o la ilusión de un mundo que se toma como “real”, pero que se observa desde los limitados parámetros fijados por una perspectiva histórica. Esa perspectiva suele ser excluyente de otras.
El sistema de creencias se va modificando a medida que cambia el “nivel” histórico de las generaciones (*), con lo que también se modifica la perspectiva, el “desde dónde” se puede o se quiere observar el mundo (personal, social, científico, histórico, etc.). Este cambio de perspectiva es el que permite el surgimiento de nuevas ideas. Las ideas recientes se asientan en el nuevo nivel histórico y establecen copresentemente nuevos antepredicativos, nuevas proposiciones que ya no se discuten y que dan lugar a nuevas creencias. A modo de ejemplo podemos considerar lo ocurrido en Occidente hasta hace poco tiempo: afirmar que un conocimiento era “científico” resultaba suficiente para sostener una posición y descalificar a la opuesta por “acientífica” (*ciencia). En esta discusión se enzarzaron varias generaciones hasta que comenzó a discutirse la c. en la que se basaban los artificios cientificistas. Cuando se comprendió que toda teoría científica era, básicamente, una construcción de aproximación a la realidad y no la realidad misma, la perspectiva cientificista comenzó a cambiar. Pero este cambio dio lugar, a su vez, al surgimiento de corrientes neoirracionalistas.
GENERACIONES
A medida que la producción social se desarrolla crece el horizonte humano, pero la continuidad de ese proceso no está garantizada por la simple existencia de objetos sociales. Para el N. H. la continuidad está dada por las g. humanas que se interactúan y transforman en el proceso de producción. Estas g. que permiten continuidad y desarrollo son estructuras dinámicas, son el tiempo social en movimiento sin el cual una sociedad caería en estado natural y perdería su condición de sociedad histórica como ocurrió en la desestructuración (*) de los imperios de la antigüedad.
Las guerras han sido factores decisivos en la “naturalización” de las sociedades al destruir la continuidad por reducción violenta de la generación joven. Dentro de un mismo horizonte temporal, en un mismo momento histórico (*), concurren quienes son contemporáneos y, por tanto, coexisten, pero lo hacen desde un paisaje de formación (*) propio en razón de su diferencias de edad con otras g. Este hecho marca la enorme distancia en la perspectiva que sostienen las g. Éstas, aunque ocupen el mismo escenario histórico, lo hacen desde un diverso “nivel” situacional y experiencial. Ocurre, por otra parte, que en todo momento histórico coexisten g. de distinto nivel temporal, de distinta retención y protensión y que, por tanto, configuran situaciones diferentes. El cuerpo y el comportamiento de niños y ancianos delata, para las g. activas, una presencia de la que se viene y a la que se va y, a su vez, para los extremos de esa triple relación, ubicaciones de temporalidad también extremas. Pero esto no permanece jamás detenido porque mientras las g. activas envejecen y los ancianos mueren, los niños van transformándose y comienzan a ocupar posiciones activas. Entre tanto, nuevos nacimientos reconstituyen continuamente a la sociedad. Cuando, por abstracción, se “detiene” el incesante fluir, puede hablarse de un “momento histórico” en el que todos los miembros emplazados en el mismo escenario social pueden ser considerados contemporáneos, vivientes de un mismo tiempo (en cuanto a fechabilidad se refiere). Pero estos miembros, observan una coetaneidad no homogénea (en lo que hace a su temporalidad interna y a su experiencia). Las g. más contiguas tratan de ocupar la actividad central (el presente social), de acuerdo con sus particulares intereses, estableciéndose con las g. en el poder, una dialéctica en la que se verifica la superación de lo viejo por lo nuevo (*).
El tema de las g. ha sido tratado por varios autores entre los que destacan Dromel, Lorenz, Petersen, Wechssler, Pinder, Drerup, Mannheim y, por supuesto, Ortega.
MOMENTO HISTÓRICO
Toda situación social se encuentra en un determinado m. h. en el que coexisten diversas generaciones. Un m. h. se diferencia de otro cuando aparece una generación de ruptura que disputa el poder a la generación que lo detenta. Dada una ruptura, en el nuevo m. h. se encuentran condiciones para procesar una etapa de mayor amplitud, o para que la simple mecánica de la dialéctica generacional se continúe. El m. h. aparece como el sistema (*) mínimo de una estructura (*) conformada por las generaciones (*) que coexisten, en relación con la estructura de su correspondiente medio (*) sociocultural (*Paisaje). La apreciación de este sistema mínimo es necesaria para la comprensión de un proceso histórico. En otras palabras: las generaciones coexistentes y su paisaje circunstante son las estructuras dinámicas del sistema mínimo llamado m. h.
PAISAJE DE FORMACIÓN
La ubicación personal en cualquier momento de la vida se efectúa por representación de hechos pasados y de hechos más o menos posibles en el futuro, de suerte que cotejados con los fenómenos actuales, permiten estructurar lo que se da en llamar la “situación presente”. Este inevitable proceso de representación ante los hechos hace que éstos, en ningún caso, puedan tener en sí la estructura que se les atribuye. Cuando se habla de p. de f. se hace alusión a los acontecimientos que vivió un ser humano desde su nacimiento y en relación a un medio. La influencia del p. de f. no está dada simplemente por una perspectiva temporal intelectual formada biográficamente y desde donde se observa lo actual, sino que se trata de un ajuste continuo de situación en base a la propia experiencia. En este sentido, el p. de f. actúa como un “trasfondo” de interpretación y de acción, como una sensibilidad y como un conjunto de creencias y valoraciones con los que vive un individuo o una generación (*Generaciones).
SUPERACIÓN DE LO VIEJO POR LO NUEVO
Tendencia general del desarrollo de las estructuras vitales, de la sociedad y la conciencia. Si se toma a la vida no como un caso aislado y singular, sino como un paso de complejidad mayor de la estructura de la naturaleza, entonces puede considerarse al mismo universo como desarrollándose en una dirección irreversible (siguiendo la flecha del tiempo) en la que las estructuras simples tienden a superar su condición inicial, interactuando, agrupándose y, en definitiva, logrando una complejidad creciente sobre el momento anterior. Si, en cambio, se considera a la vida como un caso aislado y también al universo como otro fenómeno singular, no se puede hablar de la tendencia a la s. de lo v. por lo n., pero al mismo tiempo no se puede hacer ciencia general (no hay ciencia de lo singular e irrepetible). Tanto las cosmologías como la biología de épocas precedentes optaron por la tendencia a imaginar un universo que tiende a perder energía y orden. De este modo, las organizaciones de complejidad creciente aparecieron como casos singulares, como fenómenos de azar.
Para el N. H. la s. de lo v. por lo n. es una tendencia general del desarrollo universal. En el caso de la sociedad, esta tendencia se expresa en la dialéctica generacional en la que terminan primando las generaciones más jóvenes (*generaciones); en la conciencia, se expresa en la dialéctica temporal en la que prima el tiempo futuro; en la historia, se expresa como la superación de los momentos actuales por otros más complejos que avanzan hacia un futuro irreversible. Es en la desestructuración (*) de cualquier sistema donde se verifica la ruptura de la s. de lo v. por lo n. Sin embargo, los elementos más progresivos de la etapa anterior se incorporan al nuevo paso evolutivo desechándose los elementos que no se adaptan al cambio de situación.
[1] Pueden ver el texto completo del Diccionario del Nuevo Humanismo en: www.silo.net/ReferenceMaterials/Diccionario_es.rtf
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada